De como desempolvar lo extraordinario en lo ordinario. Sobre Ordinario 1, Cabeza de lobo de Laura Escobar en Foster Catena.



Cuando en Lobo, Rosario Blefari canta “Sé que me ignora como el aire se puede ignorar” habla del amor pero también habla del polvo. Como si se tratara de ese molesto por mortal polvo del que se protegían los humanos en Sueñan los androides con ovejas electrónicas, sucia distopía de  Phillip K. Dick, hay una guerra secreta, secreta por ordinaria contra el polvo, a pesar de venir de él e ir a él nos empecinamos  en huirle, en esconderlo, en desalojarlo, en enfrentarlo. Difícil de borrar (hacer desaparecer) la sensación y el resultado de pasar un dedo por una superficie y obtener un molesto montículo de polvo. De ahí la amotofobia, temor al polvo, que todos de una u otra manera padecemos y empecinados en vencerla, enfrentamos al inerte enemigo desarrollando prótesis destinadas a moverlo de un lugar a otro, aun sabiendo la imposibilidad de su inexistencia. Cabeza de lobo un catálogo de los elementos que se utilizan en esa guerra eternamente privada contra el polvo, un muestrario de armas para un ejército de serviles mucamas anónimas. Los múltiples usos de materiales, diferentes calidades y procedencias de  pelo y en especial sus diseños, obstinadamente utilitario, manufacturados con silencioso esmero, un desinterés artesanal por la belleza que los convierte en herramientas extraordinarias  de  un arte efímero, limpiar.